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Restauración edilicia

En noviembre de 1998, luego de haber sufrido un incendio en un depósito de vestuario, la IMM decide cerrar el Teatro por el alto riesgo de supervivencia debido al estado sus instalaciones en general.

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Mediante un convenio con la Facultad de Ingeniería se realiza un diagnóstico de las instalaciones y estructuras físicas del edificio y se elabora un anteproyecto por los arquitectos Di Pólito, Magnone, Singer y Vanini.

Seguidamente se forma un equipo encargado del proyecto de recuperación del Teatro integrado por profesionales y técnicos nacionales dirigido por los arquitectos Alvaro Farina y Carlos Pascual con la asesoría de especialistas europeos en areas de Restauro, Acústica, Mecánica Escénica, Estructura y Gestión Teatral. Así comienzan los trabajos de relevamiento integral mediante investigación histórica edilicia, cateos y ensayos para conocer el estado real del edificio detectando sectores de alto riesgo y en estado de precolapso.

Se definen las grandes líneas de intervención como:



Reelaboración de la Caja Escénica

El Escenario del TS había quedado casi obsoleto para la representación de espectáculos de gran envergadura y calidad artística que en otros momentos (fines del siglo XIX y gran parte del XX) caracterizaron al TS como uno de los principales Teatros del Mundo.

Entre las carencias detectadas se encuentran: El sistema de elevación de la maquinaria escénica era manual, de la misma manera que se hacía a principios del siglo XX, mediante poleas impulsadas manualmente. No contaba con un sistema de seguridad y contra incendio adecuado. No poseía camarines adecuados para atender las necesidades de los artistas. Se mantenía la estructura original del piso del escenario construida completamente en madera al igual que la parrilla técnica, lo que representaba un alto riesgo de incendio al ser estos materiales altamente inflamables. La altura útil de la parrilla era insuficiente en relación a la altura de la Boca de Escena, esto impedía elevar completamente escenografías y decorados, por este motivo se restringía la utilización completa de la altura de la Embocadura. Los hombros de escenario (sectores laterales) eran insuficientes en sus dimensiones lo que dificultaba el movimiento de escenografías.

Debido a estas razones, era necesario rehacer el Escenario para que cumpliera con las necesidades de los espectáculos modernos, por lo que el viejo escenario se demolió completamente y se construyó uno 80% más grande en superficie y 100% mayor en su volumetría, más amplio en todos sus sentidos (laterales, altura y profundidad), totalmente mecanizado con equipos de última generación, sustituyendo a los sistemas manuales. Se construyeron locales de servicio de escena (camarines, vestuarios, oficinas, talleres de depósito y mantenimiento) acordes a la nuevos requerimientos del Teatro.

También se construyó un Foso de Orquesta con capacidad para 60 músicos. (El Foso anterior había sido eliminado en 1966) El nuevo Foso cuenta con una plataforma mecánica que adopta diferentes posiciones según el tipo de espectáculo a representar (1º Nivel Foso para la Orquesta, 2º Nivel Platea para ampliar la misma incorporando tres filas de butacas y 3º Nivel Escenario para lograr la extensión del proscenio).



Reestructuración funcional

El Teatro Solís surge a la historia documentada el 25 de junio de 1840, con la constitución de una sociedad de accionistas regida por una comisión directiva. El grupo se proponía construir un teatro, importante para el Montevideo de aquella época, y alquilarlo en beneficio de sus integrantes. También deseaba construir una serie de diferentes locales que lo rodearan: comercios, viviendas de alquiler, salones... Las funciones eran diversas, pero todos tenían como finalidad darse en alquiler para obtener una renta. En esas dos construcciones laterales era donde se encontraban los diferentes locales de alquiler para comercio y otras actividades. El análisis histórico ha permitido conocer el funcionamiento original del Teatro y de cada uno de estos ingresos o células. De él surgen claras señales de la independencia del Teatro respecto a las alas laterales, así como la total independencia de los locales entre sí, lo cual generaba una serie de ingresos particulares hacia la calle. La característica funcional más importante del edificio en este período era que esas distintas actividades, que convivían en una misma manzana, no tenían vínculos entre ellas. El edificio respondía en forma correcta a las necesidades funcionales del programa. Había sido pensado y resuelto en una estructura que, una vez construida, funcionaba para los fines que se había propuesto: un teatro en el centro y distintos locales comerciales que lo rodeaban. Era un gran contenedor de distintas funciones independientes, aglutinadas por una central que era la teatral.

El segundo período (1937-1999) comienza con la compra del edificio por parte de la Intendencia Municipal de Montevideo. Es un período de importantísimos cambios: funcionales, de dirección y de uso, que son, sin duda, los que repercutieron en la estructura física del edificio. En el estado previo al cierre para llevar adelante la reforma, las actividades vinculadas al Teatro municipales todas ellas- habían invadido las alas laterales. La diferenciación funcional, que se mantuvo durante la administración privada de la empresa Teatro Solís, comenzó a desdibujarse en el período municipal. A la fecha de cierre, se pueden diferenciar en dos grupos las funciones del teatro en este período. Por una parte están aquellas que con el tiempo se fueron diferenciando del uso como teatro propiamente dicho: la Comedia Nacional, la Orquesta Filarmónica, la Escuela Municipal de Arte Dramático y la Administración del Teatro. Por otra, aquellas más vinculadas a la función, como los talleres y depósitos de objetos de uso, que fueron invadiendo el edificio. Las primeras se comenzaron a instalar en locales que antes albergaban otras funciones. Un caso claro es el de Filarmónica, alojada en lo que antiguamente era una vivienda; la estructura funcional original se mantenía, y resultaba incompatible con la estructura funcional de las nuevas actividades que cohabitaban en el edificio. Ello generaba una situación de conflicto permanente, debido a lo cual se produjeron aperturas, desconexiones, pasajes, descontrol respecto al personal y a todo lo que entraba y salía del Teatro. Era una situación de caos funcional, lo que significaba que aquella estructura clara que respondía a las necesidades se había desvirtuado. Se mantenía la estructura física, pero con otra estructura funcional; en consecuencia, ambas habían entrado en colapso.

La propuesta para el tercer período del edificio consiste, a partir de la definición de sus funciones, en refundar el Teatro en el aspecto funcional para poder darle una respuesta física. La propuesta implica el cierre de los ingresos del público por las calles Juncal y Bartolomé Mitre. Con este objetivo se construyeron dos grandes cajas de escaleras hacia ambos lados del Vestíbulo principal, transformándose el único ingreso del público hacia todos los niveles del Teatro. Ello define dos grandes ingresos: uno técnico y otro público, distinguiendo entre aquellos que trabajan en el Teatro y aquellos que van al Teatro. El ingreso posterior, sobre la calle Reconquista, es el ingreso técnico y artístico, y el ingreso hacia la explanada del Teatro, el de público. Esto permite un control y una gestión clara del Teatro. Se construyó un nivel subterráneo en toda la planta del Teatro logrando mayor capacidad locativa en el edificio, destinado, según los sectores a Sala de Exposiciones, Tienda, Ropería y servicios higiénicos en el sector del Vestíbulo, sala de equipos de Aire Acondicionado en el sector Bajo Platea y talleres de mantenimiento y depósitos en el sector de Torre Escénica.


Recuperación de la Acústica

Forma parte de la cultura del pueblo uruguayo el mito de que el teatro Solís tenía una excelente acústica debida en parte a un curso de agua que circulaba debajo de la sala. Si bien es correcto que la acústica del teatro fuera valorada positivamente, no corresponde adjudicarle el mérito al supuesto río subterráneo.

Para poder explicar la calidad acústica de una sala es necesario manejar algunos conceptos técnicos básicos. La afirmación: la sala suena bien puede significar muchas cosas. Por ejemplo, al percibir palabra hablada, nos interesa identificar cada sílaba para así poder entender al orador; en cambio si estamos escuchando una orquesta sinfónica valoraremos la sensación de espacialidad que experimentamos cuando estamos dentro de una sala, sensación absolutamente distinta a percibir un sonido al aire libre
El parámetro que mejor resume la calidad acústica de una sala es el llamado Tiempo de Reverberación, el cual establece cuanto tiempo permanece el sonido en un local desde el momento en que se produce el cese de emisión, es decir cuando la fuente no irradia más sonido al ambiente.

El Teatro Solís es una sala que contempla los dos usos ya que tendrá una acústica variable. Cuando en la sala se desarrolle una obra de teatro, las cortinas entre palco y antepalco estarán cerradas, mientras que durante la actuación de la orquesta sinfónica las cortinas se plegarán quitando su absorción de la sala e incorporando el volumen de los antepalcos.




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