"Hace tiempo que empecé a oír disparos. Me encantan. Y me gusta que me gusten. Es bueno. Y purificador. Los disparos suenan a fiesta. Empecé a escuchar disparos al poco tiempo de perder la inocencia. Que no es la virginidad, sino algo mucho más terrible. Algo que provoca un vacío que sólo puede llenar la muerte."
Ararat/fragmento
Del viernes 25 de setiembre al sábado 28 de noviembre.
Precio único de las localidades $80.
Ficha técnica
Texto Santiago Sanguinetti
Con:
Jorge Bolani
Lucio Hernández
Catherina Pascale
Jimena Pérez
Claudia Rossi
Alejandra Wolff
Juan Worobiov
Florencia Zabaleta
Escenografía - Hugo Millán
Vestuario - Soledad Capurro
Luces - Cecilia Carriquirry
Música original - Eder Fructos
Maquillaje - Paula Gómez
Montaje audiovisual -Carlos Serra
Diseño gráfico - Gerardo Goldwasser
Fotografía - Gustavo Castagnello
Asistencia de dirección - Leonardo Martínez
Traspunte - Alejandro Rey, Daniel Pérez
Realización - Unidad Técnica de Infraestructura Teatral
Dirección - Alberto Rivero
El texto de Ararat forma parte del libro Dramaturgia imprecisa que incluye otras dos obras del mismo autor, publicado en 2009 por Estuario Editora.
ARARAT o LAS MOSCAS SOBRE VAKULNICHUK
"Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá".
Génesis 6:17
¿Qué sucedería si un día empezara a llover y no parara? El fin del mundo a la vuelta de la esquina. ¿Por qué pensar en eso ahora? No lo sé. Tal vez la velocidad, el dinamismo y la fugacidad encierren una profunda nostalgia por un tiempo que ya no existe. A veces, imaginar un futuro terrible suele ocultar una afirmación desesperada del presente.
Ararat, como todas las historias que alguna vez han sido contadas, es una obra sobre el amor como tendencia vital, y sobre el temor a la muerte. Ambas con la misma fuerza peleando por la supremacía en la mente de los hombres. Porque la razón fundamental es, siempre, comprender al hombre. En sus grandezas y miserias. En su humanidad. Ya no hay buenos ni malos. No es nada nuevo. Otros nos lo han enseñado. Shakespeare, quizás el más grande. Koltès, pisándole los talones.
La corrupción, la animalidad vuelta consenso, la pugna de hombres contra hombres, de cuerpos contra cuerpos, el instinto desatado, la vuelta al origen. Hablar sobre el fin del mundo es una gran excusa. ¿Tan lejos estamos? ¿Tan extraños son estos comportamientos? ¿No los vemos a diario en la calle o, acaso, en nuestra propia casa? Pero siempre es mejor no hablar.
Los personajes de Ararat son esos de los que es mejor no hablar. Pero el teatro no se conforma con el silencio. Hablemos, entonces. Hagamos hablar sobre el escenario a los cuerpos que suelen no tener voz. Mejor, hagámoslos gritar. Están allí. Escuchémoslos. Tienen cosas para decir. Aunque más no sea palabras balbuceantes. Frases imprecisas. Palabras desatadas. El caos despierta las pasiones. La lluvia enloquece la mente. Ya nadie recuerda nada. Ya no hay ley. Ni orden. Y, sin embargo, se sobrevive. Siempre se sobrevive. ¿Cómo? Ararat intenta encontrar esa respuesta. El resultado no es feliz.
Cada pieza esconde una teoría del teatro. Y más aún, una idea del mundo. Cada parlamento, cada respuesta, es el reflejo profundo de una cosmovisión. Y la nuestra está en crisis. En cambio. En transformación. Nosotros elegimos qué camino tomar. Intentemos no equivocarnos. Esta es la pieza del error. No sigamos el mismo camino.
Y sin embargo, Ararat no pretende enseñar nada. El teatro dejó de ser didáctico hace decenios. Ya no es propaganda. Ni siquiera política. El teatro es el gran cuestionador del mundo contemporáneo. Pongamos, entonces, sobre el tablero piezas pesadas. Caracteres gruesos y discutibles. Encendamos las pasiones. Generemos el debate. No nos podemos permitir el lujo de que la gente abandone la sala sin conmoción. Ya no.
Escribí esta obra en la más profunda ignorancia que, quizás, no se haya disipado en mí en lo más mínimo. Compuesta entre diciembre de 2007 y febrero de 2008, su razón de ser no es clara. Dudaba. Y lo sigo haciendo. Esta obra parte de la duda. Como dramaturgo me gusta no definir con claridad lo que sucede en la escena. Los gestos, las palabras, los personajes son borrosos. Difusos. Ararat es, en este sentido, una obra oscura. Ararat es, ante todo, una obra experimental.
Aún escribo intentando encontrar mi propia voz dramática. Voz que, a la medida de la época, quizás no se componga más que de fragmentos de múltiples estilos y tendencias. A veces río con lo que escribo. A veces lloro. Ararat reúne ambas cosas. La tónica de una época. Avanzar a tientas en la oscuridad. La inocencia y la fragilidad a punto de quebrarse. La lucha entre el orden y el caos. Que es decir la vida. Que es decir el amor. Y la muerte.
Santiago Sanguinetti.-
ARARAT,
Mención Honorífica en el Concurso Literario Municipal
/ IMM 2008
Mención Honorífica en el Premio Anual de Literatura,
Teatro Inédito (Subcategoría Drama)
/ MEC 2008