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Home | Temporada de Opera 2008

TEMPORADA DE OPERA 2008
''Il Trovatore'', de Giuseppe Verdi. 
Quedan solo dos funciones de Il Trovatore, de Verdi. Esta es una ópera romántica en cuatro actos, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Salvatore Cammarano -completado por Leone Bardere-, basado en la pieza teatral El trovador (1835) del español Antonio García Gutiérrez. Con este título dio inicio la Temporada de Opera 2008. Entradas en venta.

Fechas de las funciones: (siempre comienzan a las 20 hs)

Viernes 15 - Sábado 16 - Lunes 18 - Martes 19 - Domingo 24 y Martes 26.

Ficha técnica

Dirección Musical: Federico García Vigil

Regie, Escenografía e Iluminación: Roberto Oswald

Vestuario: Aníbal Lápiz

Dir. Coro del SODRE: Antonio Domenighini

Personajes, intérpretes y fechas de funciones.

Manrico: Carlo Ventre, (15, 18 y 24)
              José Azocar (Chile), (16, 19 y 26)

Leonora: Sara Galli (Italia), (15, 18 y 24)
             Sandra Silvera San Martín, (16, 19 y 26)

Conde de Luna: Luis Gaeta (Argentina) (15, 18 y 24)
                       Leonardo López Linares (Argentina) (16, 19 y 26)

Azucena: Mariana Pentcheva (Bulgaria), (15, 18 y 24)
              Cecilia Díaz (Argentina), (16, 19 y 26)

Ferrando: Ariel Cazes, (15, 18, 24 y 26)
               Marcelo Otegui, (16 y 19)

Ines: Sandra Scorza, (15, 18 y 24)
        Silvana Saldías, (16, 19 y 26)

Ruiz: Diego Reggio, (15, 16, 18, 19, 24 y 26)

Viejo Gitano: Andrés Prunell, (15, 16, 18, 19, 24 y 26)

Mensajero: Alberto Fernandez, (15, 16, 18, 19, 24 y 26)

Historia 

Su estreno tuvo lugar en el Teatro Apolo de Roma, el 19 de enero de 1853, de manera exitosa, si tenemos en cuenta el fracaso que experimentaría La Traviata unas semanas más tarde. Por encima de todos los vericuetos y escenas imposibles del libreto, la belleza de la música ha sido la responsable de que la obra jamás haya decaído en popularidad en más de un siglo y medio de puestas en escena en los mejores teatros del mundo. La pieza refleja la nueva orientación belcantista que Verdi había emprendido en esos años y también el verismo, centrado en la tremenda figura de la gitana Azucena.

Libreto

La trama de Il Trovatore es tan compleja que casi ninguno de los sucesos importantes de la obra ocurren sobre el escenario. Es una pieza en la que todo transcurre tiempo atrás y los protagonistas siempre reviven el pasado con los recuerdos trágicos de lo que ha sucedido. El libreto de Salvatore Cammarano se considera como uno de los más absurdos de la historia de la ópera. La crítica siempre ha culpabilizado al poeta por las situaciones tan rebuscadas e inverosímiles, pero en verdad, no existen contradicciones en el argumento. Cierto es que Verdi tuvo varias discusiones con Cammarano, y también, que en una primera audición y sin un conocimiento previo, se hace difícil comprender cabalmente la historia presentada. Más que al propio trovador, Verdi quiso darle protagonismo especial a Azucena, pues consideró -discrepando con el libretista- que es ella la que mueve la trama de la ópera. 

Música

La hermosura de sus melodías hace que Il Trovatore sea una de las piezas más representadas y queridas del repertorio verdiano. Aunque tiene una gran dificultad ya que debe ser interpretada por cinco voces solistas de muy alta calidad, incluyendo en bajo, cuya voz debe ser rotunda a pesar del corto papel. En pocas óperas del compositor se presentan los cinco registros de la voz con tal prestancia. A través de sus arias, dúos y concertantes, los cantantes deben entonar con gran precisión, pues el autor no renuncia a los adornos en la línea melódica, sin contar con la fogosidad que deben poseer en su interpretación. Tal es la complejidad de su montaje, que el gran Enrico Caruso comentó que para poder llevarla a escena era necesario contar con los cinco mejores solistas del mundo. También hay números corales, como el coro de los gitanos, de factura muy elaborada y compleja.

Personajes

Conde de Luna: noble, enamorado de Leonora (barítono); Manrico: caballero y trovador, enamorado de Leonora, hijo -adoptivo- de Azucena (tenor); Leonora: noble, enamorada de Manrico (soprano); Azucena: gitana, supuesta madre de Manrico (mezzosoprano); Ferrando: jefe de la guardia del Conde de Luna (bajo); Ruiz, lugarteniente de Manrico (tenor); Inés, doncella de Leonora (soprano), un gitano viejo, un mensajero. Amigas de Leonora, monjas, sirvientes del Conde, soldados, gitanos (coros).

Resumen

En un contexto medieval tardío se nos presenta la típica situación del triángulo amoroso formado por un tenor (Manrico) y una soprano (Leonora)  entre los que se interpone un barítono rival (Conde). Manrico y el Conde de Luna, que son hermanos aunque lo desconocen, resultan los antagonistas de la pieza: son enemigos en el amor y también en la política (ambos defienden intereses opuestos en la guerra civil que ha comenzado). La trama se complica por la presencia de un segundo hilo conductor que se entreteje desde el inicio con el primero: se trata de una vieja historia de odio y venganza heredada por los personajes actuales, que tuvo su origen entre el viejo Conde de Luna y la madre de Azucena. Ésta -según creencia popular- había hechizado al hijo menor del viejo Conde de Luna, por lo que el noble la mandó quemar.

Como forma de venganza inmediata, la entonces joven Azucena raptó al niño hechizado para quemarlo en la misma hoguera en que estaba ardiendo su madre; pero resulta que en medio de la confusión terminó quemando a su propio hijo. Por lo tanto, quien pasa por ser el hijo de Azucena (Manrico, el trovador) no es más que el infante del viejo Conde de Luna, es decir, el hermano menor del Conde que pretende a Leonora. Luego de vericuetos poco creíbles, el doble conflicto se resuelve trágicamente en la escena final: Leonora se quita la vida, Manrico es ajusticiado, Azucena cae muerta y el Conde, que acaba de enterarse que ha matado a su hermano, no encuentra ya razones para seguir viviendo.

Argumento

Vizcaya y Aragón, a comienzos del siglo XV.

ACTO I

Escena 1.
(Sala de guardia del castillo de Aliaferia, Zaragoza).

Unos guardias hablan de los asuntos de su comandante, el Conde de Luna: dicen que pasa las noches bajo el balcón de la elegida de su corazón (Leonora), quien parece preferir las serenatas de cierto trovador...

Para que no los venza el sueño, los soldados piden a un viejo oficial (Ferrando) les vuelva a contar la terrible historia de García, hermano menor del Conde de Luna:
García estaba todavía en la cuna cuando una bruja le impuso un maleficio por el cual empezó a debilitarse. Su padre creyó poder salvarlo enviando a la vieja gitana a la hoguera, pero ésta tenía una hija (Azucena) que para vengar a su madre, arrebató al niño. Nunca se encontró al pequeño García ni a su raptora, aunque en el sitio en donde habían quemado a la bruja, fueron hallados los restos calcinados de un niño pequeño. Esto sugería que el infante García había sido víctima de crueles represalias. Sin embargo, el viejo Conde creía que su hijo menor estaba vivo; tal es así que en el lecho de muerte hizo prometer a su otro hijo (el actual Conde de Luna) que continuaría con la búsqueda . El propio Ferrando está seguro de poder reconocer a la hija de la bruja, incluso después de haber pasado veinte años.

Cuando suenan las doce campanadas de medianoche, los guardias se dispersan presos de un miedo supersticioso. 


Escena 2.
(Jardines del palacio de Leonora)

 Leonora está haciendo confidencias a su doncella Inés sobre el amor que siente por un caballero desconocido (Manrico) que ella coronó tras su victoria en un torneo, y que no volvió a ver tras el estallido de la guerra civil. Pero tiempo después, escuchó por la noche a un trovador que le daba una serenata en el jardín, reconociendo en él al caballero de la armadura negra. Inés considera que esta relación es peligrosa y le aconseja que la olvide. Pero Leonora reafirma su pasión y dice que su amor por el caballero trovador es eterno.

Cuando las mujeres entran al palacio, aparece el Conde de Luna, quien declara su amor por Leonora y al mismo tiempo escucha la voz del trovador Manrico, algo que lo llena de celos. Sin embargo, al notar que Leonora se arroja a sus brazos, el Conde se tranquiliza. En verdad ha ocurrido una confusión: por la oscuridad de la noche ella creyó que se trataba de  Manrico, pero un rayo de luna que atraviesa las nubes deshace el malentendido y los tiernos impulsos de Leonora cambian de persona. El Conde furioso y Manrico embelesado se enfrentan violentamente. El primero amenaza al segundo, el cual tiene la doble culpa de ser su rival afortunado y un enemigo político. Ambos toman sus espadas y se alejan para batirse en duelo: la joven cae desvanecida.

ACTO II

Escena 1.
(Un campamento de gitanos, al pie de las montañas).

Los cíngaros cantan alegremente mientras trabajan. Posteriormente son interrumpidos por el lamento lúgubre de una mujer sentada cerca del fuego: Azucena. Ella habla de un acontecimiento lejano que ya fue contado al inicio del primer acto: la ejecución de una pretendida bruja condenada a ser quemada viva...

El día avanza y los gitanos se dispersan. Sólo quedan Azucena y Manrico, que la urge a que hable más sobre esta visión horrorosa que parece obsesionarla. Ella le vuelve a contar la historia de la bruja ajusticiada, con detalles escalofriantes, pero añadiendo una revelación capital: era tal su enloquecimiento debido al dolor que sólo pensaba en la venganza reclamada por su madre, y en estas circunstancias demenciales, el niño que ella arrojó a las llamas no era el hijo del viejo Conde de Luna sino el suyo propio.

Manrico, hasta ahora seguro de ser hijo de Azucena, le pregunta: "Pero, entonces, ¿quién soy yo?". Ella se desdice enseguida, pretendiendo que ha perdido la cabeza cuando ha evocado la terrible tragedia y asegura al joven que es su madre. Él entonces le cuenta que fue vencido en el duelo con el Conde (al que inexplicablemente lo perdonó cuando lo tenía a su merced) y dejado por muerto en el campo de batalla. Azucena le hace jurar que él no vacilará en matarlo si la ocasión se presenta de nuevo.

La conversación es interrumpida por la llegada de un mensajero que trae la noticia de que Leonora, creyendo a Manrico muerto, va ha ingresar en un convento esa misma noche. A pesar de los esfuerzos de Azucena que quiere retenerlo, el trovador salta sobre un caballo y desaparece.

Escena 2.
(Alrededores de Castellón).

El Conde ha reunido a sus seguidores en las cercanías del convento donde Leonora tiene la intención de tomar el hábito. Él está decidido a impedírselo de cualquier manera y luego llevársela. Mientras una campana anuncia el comienzo de la ceremonia y el coro de religiosas exhorta a la oración, Leonora se prepara a cruzar el umbral del convento, acompañada por algunos sirvientes afligidos. El Conde sale de su escondite y va a raptarla cuando un hombre se interpone: "¡Manrico!". El trovador resucitado deja perplejos a todos y persuade a Leonora para que lo siga. El Conde no quiere renunciar a su objetivo, pero los partidarios de Manrico lo desarman.

ACTO III

Escena 1.
(Campamento del Conde de Luna, en las afueras de Castellón).

Se escuchan los cantos alegres de un coro de soldados que descansan antes de atacar la plaza fuerte de Castellón, donde se ha refugiado Manrico. Enseguida Ferrando anuncia la captura de una gitana acusada de espionaje. Se trata de  Azucena que, atada con cadenas, es arrastrada hasta los pies del Conde. Ella responde con evasivas a los interrogatorios hasta el momento en que Ferrando, que la ha reconocido, la denuncia. Ella se traiciona a sí misma al llamar a Manrico para que la ayude. El Conde se regocija doblemente: al ajusticiar a Azucena, por un lado castigará a la madre de su peor enemigo y por otro, a la homicida de su hermano (el pequeño García).

Escena 2.
(Interior del castillo de Castellón)

Mientras el asedio al castillo ha comenzado, Manrico y Leonora están cerca de la capilla donde va a celebrarse el matrimonio de ambos. El primero da sus órdenes a la vista de como discurre la batalla, y luego busca a su prometida para tranquilizarla, expresándole su amor. Todo está dispuesto para la celebración del matrimonio y se oye en la lejanía el órgano de la capilla del castillo.

Ruiz, lugarteniente de Manrico, llega con la noticia de que Azucena ha sido apresada por las tropas del Conde. Desde las ventanas del castillo se ve cómo Azucena es conducida a la hoguera por los soldados. Trastornado, Manrico revela a Leonora que la gitana es su madre y expresa su determinación de salir del castillo sitiado, dejando en él a su prometida, para salvar a su madre.

ACTO IV  

Escena 1.
(Castillo de Aliaferia).

Se distingue en la negra noche una torre de aspecto siniestro, con estrechas ventanas con barrotes. El rescate de Azucena ha fracasado y ahora también el trovador está prisionero. En la noche, acompañada por Ruiz, Leonora se acerca a la torre con el propósito de salvar a su amado. La joven medita sobre la trágica suerte de su prometido. Se escucha a lo lejos un coro de frailes que entona un Miserere por alguien a punto de morir, y sobre este fondo surgen los lamentos de Manrico: un grito de amor y de resignación. Leonora reafirma su voluntad de salvarlo, incluso pagando con su propia vida.

Entra en escena el Conde de Luna dando sus instrucciones: al alba el hijo morirá por el hacha y la madre por el fuego. Grande es la sorpresa del noble ante la aparición de Leonor, y mayor aún, cuando ella le pide que perdone al trovador. Loco de celos, el Conde se rehúsa. Desesperada, Leonora se ofrece en matrimonio al Conde a cambio de la libertad de Manrico (si bien tiene el propósito de envenenarse cuando aquél esté libre). Primero incrédulo, y después lleno de alegría, el Conde acepta jubiloso y se apresura a modificar sus primeras instrucciones, mientras que Leonora absorbe furtivamente el veneno contenido en su anillo.

Escena 2.
(Un calabozo en el interior de la torre).

Manrico se esfuerza por calmar a Azucena, que ante la perspectiva de la hoguera casi ha enloquecido. Ante el aliento de su hijo, Azucena se duerme, luego de recordar los días felices cuando vivían en las montañas.
Entra Leonora y dice a Manrico que está libre, pero al saber el precio de esta libertad, el no la acepta. El veneno comienza a hacer efecto, entonces Leonora le confiesa que ha tomado un veneno y muere en los brazos de su amado.

Cuando llega el Conde, una vez de conocer lo ocurrido, se siente burlado y ordena la ejecución de Manrico, que es conducido fuera de la torre. Entonces Azucena se despierta y, desde la ventana, ve caer la cabeza de su hijo adoptivo.  La gitana hace saber al Conde que la persona a quien ha ejecutado es su propio hermano, y con furiosa alegría exclama que, por fin, su madre ha sido vengada. Enseguida se desploma, aparentemente muerta de emoción. El Conde de Luna dice sus últimas palabras reprochándose el "vivir todavía".

Precios para este espectáculo

1. Platea, palcos bajos, tertulia baja fila 1:   $ 1.900
2. Tertulia baja fila 2, palcos de Tertulia baja y tertulia alta fila 1:  $ 1.600
3. Cazuela fila 1, tertulia alta fila 2 y tertulia baja fila 3:  $ 1.100
4. Paraíso 1, tertulia baja fila 4 (taburetes), palcos tertulia alta y palcos de cazuela 1ª fila:  $ 400
5. Tertulia alta fila 4 (taburetes) y cazuela fila 2 y 3 (taburetes): $ 200

 

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